miércoles, 2 de junio de 2010

ESPAÑA DESTROZADA: CUATRO APUNTES

1. Sabino Policarpo Arana Goiri escribía en el año 1884: “Afirma Artola que la etimología de la palabra ESPAÑA es puramente euskérica, pues la misma expresión, sin quitar ni añadir nada en el dialecto de Guipuzkoa y permutando la Ñ en N en el bizkaino, significa labio o extremidad, nombre que se adapta perfectamente a esta península, que es el límite suroeste del continente europeo.
Esta opinión no me parece suficientemente fundada por las razones que a continuación verán mis lectores”.
En 1902, cuando la casi desconocida “enfermedad de Addison” le atacaba y le producía la muerte un año después, Sabino escribía: “¡españa!, que quiere decir el labio o la extremidad en la lengua de Aitor”: Julio Eyara. Antología de Sabinio Arana. Textos escogidos del fundador del nacionalismo vasco. San Sebastián, 2001, pp. 94, 95 y 430.
Y para al final llegar a esa conclusión que es toda una rectificación, Sabino Arana había dedicado toda su vida a odiar a España.

2. A excepción de una parte de Galicia, Cataluña y Baleares, pocos serán los españoles que entre sus ocho primeros apellidos no cuenten con algún apellido vasco:
“Acosta, Agudo, Aguilar, Alonso, Amaya, Angulo, Antunez, Aranda, Baena, Balle, Valle, Ballejo, Barrio, Barrios, Bazquez, Vazquez, Bera, Vera, Borja, Burgos, Calzada, Camino, Carrasco, Carrascosa, Ceballos, Cordoba, Cortes, Delgado, Dominguez, España, Galan, Galindez, Galindo, Garcia, Gomez, Gil, Goya, Granada, Guardia, Gutierrez, Herrera, Hoyo, Hueso, Hurtado, Iban, Ibañez, Jimenez, Lope, Lopez, Lozano, Martin, Martinez, Mena, Mendoza, Mingo, Minguez, Montoya, Monzon, Mota, Muñiz, Muñoz, Muro, Nabas, Najera, Ordoñez, Ordoño, Ortiz, Padilla, Palacio, Palacios, Parada, Pelaez, Peña, Pereda, Perez, Pinedo, Plaza, Ramirez, Ribas, Ribera, Ribero, Roldan, Ruiz, Saez, Sainz, Salazar, Salcedo, Sanchez, Sancho, Segura, Serrano, Sierra, Solana, Suarez, Tapia, Tobar, Toledo, Ubeda, Zamora y Zaragoza”,... entre otros:
José Antonio Mugica Aguirre. Primeros apellidos de Iberia. Bilbao, 1968.
Nicanor Narbarte Iraola. Diccionario etimológico de apellidos vascos. Pamplona, 1971.
Luis Michelena. Apellidos vascos. San Sebastián, 1973.
Endika Mogrobejo. Diccionario etimológico de apellidos vascos. Bilbao, 1996.
Así pues, lo que está pasando en España no es un problema político, ni un problema histórico, es sencillamente un problema psiquiátrico.

3. “No somos los españoles propicios a la unidad. Señores cada uno en un mundo particular que queremos hacer a nuestro modo; portadores individuales de ideas y soluciones que, en cambio, de continuo estimamos convenientes para todos, sólo, como señaló Menéndez Pelayo, encontramos real unidad en la creencia que por sí sola nos constituye en nación. Por eso la Historia nos muestra cómo en cuanto aquélla nos falta, porque, en quiebra la fe de los que gobiernan, se la ataca desde arriba; en el mismo momento en que Dios empieza a ser relegado de las mentes, comienza inevitablemente para nosotros el proceso artificial, pero tangible, de la disgregación y falseamiento de lo nacional”. “Palabras previas” del libro: Cien años en la vida del Ejército español. Madrid, 1956.

4. “El catolicismo ibérico ha sido bastante más que una confesión religiosa: primero fue la base de la liberación del yugo islámico y, después, de la posibilidad de estar juntos. Nada podía unir Galicia y Cataluña, Andalucía y el País Vasco, Canarias y las Baleares, si no es la fe en el mismo Dios, en la misma Virgen, en los mismos santos, en el Papa y en la Iglesia romana. Es significativo que, entre vosotros, la Inquisición estuviese gestionada por la misma monarquía: se era consciente de que, sin la completa unidad religiosa, no era posible la unidad política. La misma expulsión de los no católicos del Reino respondía a esta necesidad de salvaguardar la compactación de un territorio que de otro modo se hubiera desintegrado. Justamente ése es el riesgo de una España que –abandonada su extraordinaria tradición católica- no tiene ya un cimiento que la tenga unida.
En resumen: En el Pilar de Zaragoza (no por casualidad, el santuario de la Hispanidad) todas las etnias, las lenguas, los intereses ibéricos encontraron un punto de unidad en la misma Madre (y, obviamente, antes aún, en el mismo Padre y también, no se olvide, en el mismo Papa). Ahora, ¿qué valores pueden mantener unida la Iberia húmeda y la seca, la mediterránea y la atlántica, la industrial y la campesina, etc.? En suma, espero que Dios no lo permita -¡y espero equivocarme!-, pero me parece que existe el peligro de una explosión. O, al menos, de una secesión, con –sólo para comenzar- Cataluña y el País Vasco que iniciarán su propio camino. Pero sería sólo el comienzo.
En pocas palabras: para las Españas, volver a encontrar la dimensión católica, se me aparece como la conditio sine qua non para permanecer unidas”: Vittorio Messori. Alfa y Omega, 8 de febrero de 1997, p. 26.


“Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado,
y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir”.
Mt 12: 25// Mc 3: 25// Lc 11: 17.

“El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada”.
Jn 6: 63.
“Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu”.
Hch 1: 14.
“Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común... con un mismo espíritu”.
Hch 2: 44, 46.
“La multitud de los creyentes no tenían sino un solo corazón y una sola alma”.
Hch 4: 32.



Ángel Manuel González Fernández, junio del 2007.